• Ubicado en Valonia, este municipio no alberga ninguna franquicia ni comercios con sello internacional.
  • Su atractivo turístico reside en los establecimientos locales y familiares que están instalados en la ciudad desde hace generaciones.

Fotos cedidas por Bélgica Valonia Turismo

 

Madrid, marzo de 2020 – Al este de Valonia, la región francófona de Bélgica, se halla Durbuy, un diminuto municipio que hasta 1977 mantuvo el título de ‘ciudad más pequeña del mundo’. Aunque actualmente ya no goza de este calificativo, mantiene la esencia de estos pueblos tan característicos, en gran parte, gracias los comercios locales establecidos allí desde hace generaciones. De hecho, Durbuy no alberga ninguna gran marca internacional o franquicia de ningún sector.

La tienda de mermeladas artesanales Saint-Amour es uno de estos establecimientos locales. Se trata de un pequeño comercio familiar cuyo negocio ha pasado de generación en generación gracias al éxito de sus exquisitas mermeladas. Ubicado en el número 13 de la calle homónima, Saint Amour, tiene una oferta de más de 40 variedades de confituras. Algunos de los sabores más extravagantes son los de cebolla, ruibarbo o escarola. Además, los maestros artesanos valones de Saint Amour también elaboran confituras, gelatinas, cervezas artesanales, vinagres y productos medicinales fabricados con ingredientes naturales que crecen de la región, como el saúco y el espino.

El comercio tiene dos edificios en la pequeña Durbuy. Además de la tienda, Saint Amour abre las puertas de su taller donde se puede ver un documental sobre la fabricación de sus productos, que se elaboran cociéndose a fuego lento en grandes cuencos cuando llega la primavera, la época de recolectar la mayoría de ingredientes naturales que se usan como base.

Saint Amour es uno de los rincones icónicos de Durbuy, ya que el hecho de que perdure durante generaciones en un municipio tan pequeño demuestra que en este pueblo de Valonia aún prevalece la fuerza de la identidad local y el arraigo al pequeño comercio.

Aunque el consistorio durbuysien no prohíbe la entrada de marcas internacionales, es la propia identidad de Durbuy y factores como el clima o la densidad de población los que hacen implícito y lógico el hecho que a día de hoy esta villa valona tan solo hospede comercios locales nacidos allí. Así, en un mundo global, la carta de presentación de Durbuy es la de un lugar que potencia las empresas locales ubicadas en sus adoquinadas y medievales calles como uno de sus máximos atractivos para los turistas y sus habitantes.

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